En esta primera parte del Diario del Peregrino voy a empezar explicando un poco como voy a organizar esto, en las demás entradas empezaré directamente con el diario en sí. La idea es básicamente contar como me fue cada día de ruta, poniendo como no las fotos que he ido haciendo además del track que grabó mi padre con el GPS donde pone la distancia de la ruta así como el desnivel acumulado y otras cosillas que son interesantes.

Después de los diversos problemas técnicos con el PC, ¡por fin empiezo con el diario!

Navalcarnero-Sarria (7 de Octubre)

(Como algo excepcional voy a meter también el día del viaje en esta entrada)

Ya por fin ha llegado el día en el que comenzamos nuestro viaje a Galicia para hacer el Camino de Santiago desde Sarria. Como todos los jueves he tenido que ir a la Universidad, y encima con exámen de Cálculo I para rematar el día, pero bueno después de comer, a eso de las 4 de la tarde, ponemos tierra de por medio y nos dirigimos a nuestro destino. Después de unas 5 horas de viaje en coche (que por cierto estrenábamos y va de maravilla 😀 ) llegamos al Albergue Don Álvaro donde nos recibe su dueña, que por cierto era muy amable (demasiado amable tal vez, las malas lenguas dicen que no es tabaco lo que fumaba) y que enseguida nos invitó a que esa noche fuésemos a la sala común del albergue a probar los licores y a tocar la guitarra. Pero antes de eso fuimos a cenar al bar que había al lado, donde no se estaba mal y donde además tenían un menú bastante completo, yo por lo menos terminé bien servido. Debo decir que en un principio me chocó el acento del camarero y no pude evitar pensar en el Spiderman Gallego 🙂

Después de esto el grupo se dividió en dos, por una parte los conductores se fueron a llevar un coche al final de la ruta del día siguiente (Portomarín), y el resto hicimos caso a la señora del albergue y nos fuimos a la sala común del mismo, donde había dos alemanes. Según nos contó uno de ellos (hablaba un poco de español) estaban haciendo el Camino desde Alemania, ahí es nada, y llevaban no sé cuantos años utilizando sus vacaciones para ello. Mientras tanto los Awen que sabían tocar la guitarra se pusieron a ello, y los que tenían ganas probaron los licores que había en la sala, y claro pasó lo que tenía que pasar, alcohol+música+alemanes… mal asunto. Al rato ya la gente no sabía ni en qué idioma le estaban hablando y la risa floja comenzaba a aflorar, pero se rompió una cuerda de la guitarra y se acabó la fiesta, todos a “dormir” que es tarde y mañana hay que madrugar. Y digo a “dormir” (entre comillas) porque esa noche teníamos reservada una única habitación para todo el grupo, y entre que la gente todavía no estaba cansada y los cuatro chupitos teníamos montado allí un jolgorio de la leche, menos mal que estábamos apartados del resto del albergue y no molestábamos a nadie, sino esa noche nos echan a la calle. Después de media hora de risas tontas por fin nos dormimos, o por lo menos yo que no me desperté en toda la noche.



Distancia recorrida: 23,6 kilómetros
Altitud min: 356 metros, max: 674 metros
Desnivel acum. subiendo: 446 metros, bajando: 581 metros

Enlace al Track: Camino de Santiago Sarria-Portomarín

A las 7 de la mañana nos despertamos (que ya hay ganas, de vacaciones y madrugando más que ningún día…) gracias al sonido de unos 6 despertadores de móviles perfectamente sincronizados, que eso entre tanta sirena junta y las literas parecía la 3ª Guerra Mundial. Después del impacto inicial de tener que madrugar, poco a poco todos nos fuimos vistiendo, nos hicimos nuestra primera foto de grupo con el “uniforme” de Awen y nos bajamos a desayunar al bar donde habíamos cenado por la noche. La verdad que este día fui el que mejor desayuné de todo el camino, un buen vaso de leche, un zumo recién exprimido tamaño XXL y un croissant  de proporciones similares. Una vez desayunados y listos nos disponemos a partir con un tiempo aparentemente bueno y con las primeras luces del día asomando por el horizonte.

Ya en ruta empezamos con una cuesta un poco puñetera, ideal para calentar el cuerpo y que se vaya preparando para lo que le espera a lo largo de los próximos 5 días. A mitad de cuesta nos topamos con nuestro primer cruceiro del Camino, y como no puede ser de otra forma nos hacemos foto de grupo. Después de la foto continuamos subiendo otro poco más y llegamos a lo que parece un colegio, y a la izquierda de este por donde continúa el camino. ¿Habéis visto alguna vez las pruebas del salto de esquí? ¿Os habéis fijado por las rampas que se tiran para coger velocidad? pues esta cuesta abajo con hielo tiene que ser lo más similar a esto que hay en Galicia, menos mal que no nos tocó subirla porque una cosa es calentar el cuerpo y otra muy distinta joderlo desde el principio. Lo peor de todo es que esta cuesta nos llevaba al fondo de un bonito valle por el que transcurría un río, y diréis, ¿qué hay de malo en esto? pues muy sencillo, que tirases para donde tirases tenías más cuestas arriba 😦 En este punto hubo un poco de mala suerte, y es que el reto del grupo nos sacaron a mi familia y a mi unos 100 metros de ventaja, y en esta distancia nos tocó cruzar una vía del tren de la que, a 10 metros  de llegar a ella, se encendieron los semáforos. El resto de Awen que iban ya como motos ni se dieron cuenta y tiraron para adelante, siendo esta la última vez del día que los vimos durante la ruta. Después de cruzar la vía del tren, y como estaba previsto, empezamos una subida tan bonita como dura, en la que nos encontramos con árboles gigantescos de troncos retorcidos y cubiertos de musgo:

Una vez acabó la subida llegamos a una pequeña aldea donde hicimos la primera parada “técnica” del día, en el área de descanso del kilómetro 108. En este área, donde podías comprar tanto comida como bebida, aprovechamos para hacernos con nuestras Conchas de Santiago, que pese a salir un poco caras (5 € la grande) nos hacían sentir un poco más peregrinos que hace un rato. Ya con nuestras conchas colgadas en la mochila y con las fuerzas repuestas nos pusimos de nuevo en marcha, esta vez ya con el Sol asomando entre las nubes, cosa que se agradecía para poder hacer fotos ya que hasta ese momento había que tener mucho cuidado con la velocidad de obturación:

Después de unos cuantos kilómetros de camino ya nos empezamos a dar cuenta de lo amable que era le gente que no dudaban en desearte buen camino en cuanto te veían, aunque de los del saludo de Ultreia quedan por desgracia pocos. Por otra parte, en este tramo empezamos a recibir llamadas de resto de las Awen que iban por delante, pero por mucho que cogíamos el teléfono lo único que oíamos era un chisporroteo, pensamos que era cuestión de cobertura, pero después de probar con varios móviles de diferentes operadoras nos dimos cuenta que era móvil de un compañero el que había muerto en circunstancias extrañas, porque el día anterior había funcionado perfectamente. Un poco más adelante llegamos al punto kilométrico 100, donde nos hicimos la típica foto que supongo que todo el mundo que pasa por allí tiene.

Seguimos un poco más y nos encontramos con un bar al lado del camino, donde aprovechamos para hacer la segunda parada “técnica” del día, donde mi padre se comió un trozo de empanada gallega y según anunció el mismo a la camarera estaba “dura e incomible”, cosa que no sirvió de nada ya que la dueña del bar le dijo que habría salido ocasionalmente mal, sin hacer intención de cambiársela ni nada parecido. Cuando salimos del bar el tiempo había cambiado y estaba lloviendo con bastantes ganas, así que aprovechamos para probar esas fantásticas capas que teníamos en las mochilas (aunque de esto no hay fotos, que el agua y la cámara no se llevan muy bien).

La verdad que andar con las capas estas es por una parte un gustazo, porque no te vas preocupando de la lluvia y no pesan nada, y por otra es un estorbo donde los haya, porque pese a lo finas que son no dejan de estar hechas de plástico puro y dan un calor insoportable, al rato de llevarla puesta estás empapado igualmente por fuera que por dentro, lo único que por dentro es sudor en vez de agua. Por suerte solo tuvimos que llevarla puesta un rato de nada ya que el chaparrón se pasó enseguida, y además así podía seguir haciendo más fotos 😀

El final de la etapa se aproximaba y ya teníamos contacto visual con nuestro destino, y pese a parecer que estaba al lado, el GPS nos chivaba que todavía quedaban 5 kilómetros. Esto de ver el destino es un poco jodido, porque crees que ya has llegado y en realidad te queda todavía más de una hora de andar, y lo peor de todo es cuando vas bajando cuestas y más cuestas y te das cuenta que Portomarín, que hace un momento estaba por debajo de ti, se sitúa en medio de una colina a una altura considerable, suerte que hay un puente muy majo que nos evita bajar más de lo que habría que haber bajado de no estar. En este tramo hubo mala suerte de nuevo ya que se nos puso a llover de nuevo, por lo que no tengo fotos de la llegada al pueblo que estaba bastante bonita con una escalinata recibiendo a los peregrinos.

Una vez en Portomarín nos dimos cuenta de que era buena hora para pensar en comer (las 3:00 o así), pero el resto del grupo ya había pensado en todo y habían comprado pan y bebida para comernos el embutido que habíamos llevado. El problema surgió para buscar un buen sitio para comer, y es que en la calle estaba lloviendo y como que no apetecía, así que nos fuimos al albergue. Allí, al ver que (supuestamente) no había ninguna mesa, a alguien se le ocurrió la brillante idea de quitar una puerta de los pernos, ponerla encima de las mesillas de noche y ala, a comer se ha dicho, pero como diría Dani Mateo, la culpa es del Ikea… (min 1:50) …que las visten como mesas. En nuestra defensa debo decir que la mesa no sufrió ningún daño y fue devuelta en perfectas condiciones a sus pernos, tal vez con un poco de olor a chorizillo, pero en perfectas condiciones en cualquier caso. Ya cuando terminamos de comer nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo, pero antes de salir el albergue nos fijamos en una puerta que había en el recibidor que tenía un cartel encima que rezaba “Comedor”, con sus estupendas sillas y mesas para que los peregrinos comiesen a placer, en fin, tooodos locos.

Después de esta pequeña aventura, de la que por suerte la dueña del albergue no se enteró, nos fuimos a sellar nuestras credenciales a la iglesia de San Juan de Portomarín, que para algo las teníamos, y tras esto acompañé a los conductores (no, no llevábamos chofers, llamo así a los encargados de los coches) a dejar un coche en Palas de Rei, nuestro destino del próximo día. Aquí quiero señalar que si por algún casual vais a hacer lo mismo que nosotros de dejar un coche en Palas de Rei, NO hagáis ni caso a las indicaciones de los navegadores estilo Tom Tom y que mejor cojáis un mapa, a no ser que queráis hacer una ruta en coche por la Galicia profunda con una duración aproximada de 1 hora para 30 kilómetros.

De vuelta en Portomarín nos fuimos a buscar un lugar para cenar, y una persona del grupo había oído a una lugareña decir de un sitio del pueblo que era presumiblemente el mejor, Casa Pérez creo que se llamaba, así que no lo dudamos y allí que nos plantamos los 12 Awen. Pues bien, esta lugareña tenía que ser familia del dueño o algo parecido porque sino no me lo explico. Llegamos allí a eso de los 9 de la noche y no pudimos irnos hasta las 11:15, es decir, más de dos horas para cenar de menú, que no es que pidiésemos nada raro. Si pese a la espera la comida hubiese estado buena pues vale, tiene un pase, pero es que encima cuando por fin nos trajeron lo que habíamos pedido ¡estaba todo frío!, cosa que no me explico por más que lo pienso. En favor del señor Pérez yo creo que lo que pasó es que se vio sobrepasado, no se esperaba que llegase tanta gente y no dio más de sí, tal vez para otro día ya ha aprendido pero desde luego esa noche un cero.

Y así prácticamente se acabó nuestro primer día del Camino. Luego en el albergue nos tocó dormir en habitaciones de 4 y yo tuve la gran suerte de que en mi habitación hubiese una farola en la ventana y la persiana estuviese rota, menos mal que poniendo la capa a modo de cortina se solucionaba un poco el problema, aunque la verdad que el aspecto era un poco tétrico (parecía que teníamos a Batman en la ventana…). Esta noche no hubo “fiesta” como la anterior ni nada parecido, todos nos dormimos enseguida pensando que al día siguiente nos esperaban 25 kilómetros de caminata.

Día 2: Portomarín-Palas de Rei

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