Día 1: Sarria-Portomarín

Después de un parón inesperado de a penas 1 mes y medio debido a los problemas varios que ya he explicado tanto por aqui como por Facebook/Twitter, hoy por fin retomo el Diario del Peregrino con el segundo día de este fantástitico viaje, lo malo es que ahora me acuerdo de menos detalles (ya han pasado más de dos meses), esperemos que según vaya revisando las fotos me vaya acordando de todo un poco mejor…

Distancia recorrida: 25,07 kilómetros
Altitud min: 351 metros, max: 724 metros
Desnivel acum. subiendo: 545 metros, bajando: 351 metros

Enlace al Track: Camino de Santiago Portomarín-Palas de Rei

De nuevo las 7 de la mañana y todos los despertadores sonando a la vez, no vaya a ser que nos durmamos. La verdad que si alguien del albergue tenía pensado levantarse más tarde se debió de acordar de todas nuestras familias, aunque bueno creo que esta vez también teníamos monopolizada nuestra parte de albergue y nos tenían a parte de los demás. Después de preparar las mochilas, las cuales después del primer día ya supimos lo que teníamos que llevar y lo que no (a lo largo del día se pasa por un montón de pueblos y no hace falta llevar la casa a cuestas), nos bajamos a desayunar al bar del propio albergue. Del desayuno de este día poco puedo decir, sólo que cumplió sin más aunque no tenían zumo natural, pero las tostadas no estaban malas.

Ya desayunados y con todo puesto nos dispusimos a salir. Hoy el día parece estar algo más gris que el anterior, esta chispeando ligeramente y decidimos ponernos las capas desde el principio, que no queremos que el “calabobos” haga gala de su nombre. Por culpa de esta lluvia ligera pero insistente tampoco tengo fotos de la salida de Portomarín, va a ser que este pueblo no era para mi, ni al llegar pude ni ahora puedo, otro año será. Respecto al grupo parece que de momento las fuerzas aguantan bien, no hay ninguna baja y las ampollas parece que se están conteniendo, por lo que seguimos los 12 Awen.

Para salir del pueblo tuvimos que volver a cruzar el río Miño, esta vez por un puente peatonal que se movía de manera sospechosa cuando pasaba mucha gente.  Después de cruzar nos hicimos la típica foto de grupo de todos los días aunque por culpa de la lluvia no salimos con nuetsros estupendos forros de Awen, una lástima. Tras la foto, y como ya habíamos visto en el perfil de la ruta, nos encontramos con una cuesta arriba laaaaarga aunque no con mucha pendiente, vamos, para calentar el cuerpo como el día anterior, pero esto sumado a la capa se convirtió en la primera “sudada” del día. Por suerte cuando llegamos arriba ya había dejado de llover, por lo que paramos para guardar los chubasqueros y yo de paso para sacar la cámara. Después llegamos a una parte en la que llaneamos un poco por un paseo muy bonito que nos ofrecía unas vistas espectaculares del valle, con las nubes bajas que le daban un toque mágico al paisaje:

Aunque no nos duró mucho la alegría, al pasar junto a un bar que había al lado del camino nos tocó volver a parar para ponernos las dichosas capas de nuevo, y ya que habíamos parado pues pusimos el sello del bar. Aquí hubo un problema muy grave y es que en el bar había un olor a panceta que no os lo imagináis, y esto a media mañana no se puede hacer que se nos abre el apetito y no se anda igual de a gusto. Aún así resistimos la tentación y tiramos para adelante, que si no se hace tarde y no comemos. Continuamos la marcha todos juntos y a un buen ritmo, que pese a haber dicho de que ibamos a ir relajados después de que el día anterior nos separásemos… de eso nada, parecía que si llegábamos los primeros nos iban  adar de comer gratis o algo así, aunque debe ser que ese era nuestro ritmo porque nadie se quejó. En esta parte de la ruta nos tocó cruzar la carretera un par de veces e ir pegados a ella, lo que le resta encanto al asunto, pero tampoco fue un tramo muy largo.

Después de un rato nos encontramos con otro bar pegado al camino, y esta vez no nos pudimos resistir a la tentación, primera parada “técnica” del día. Yo por mi parte me metí entre pecho y espalda un bocadillo de tortilla francesa con chorizo, que me supo a gloria y me ayudó a recuperar las fuerzas, que ya notaba yo un vacio en el estómago demasiado grande. Del resto del grupo pues la mayoría también picó algo y los otros se quedaron esperando, pero tengo entendido que hubo alguno que se quedó con las ganas de un bocadillo de panceta (el olor del otro bar seguía haciendo estragos…) que en este sitio no había. Al salir del bar vimos que ya no llovía y volvimos a guardar las capas, y menos mal, porque el camino continuaba con una cuesta corta (unos 300 metros) pero intensa, lo ideal para acompañar al bocadillo de tortilla con chorizo.

Pasada ya la cuesta nos encontramos otra vez con la carretera, por la que tuvimos que ir un tramo bastante largo hasta llegar a un cruce con otra carretera que salvamos gracias a un puente. Después de esta parte, que ya que no era bonita por lo menos era llana, nos desviamos por una carretera (o camino asfaltado, según se mire…) y subimos otra cuesta bastante larga hasta llegar a un pueblecillo. Aquí se notaban ya los 23 kilómetros del día anterior y varios Awen estaban ya artos de andar, e incluso a otros les salieron ampollas y tuvieron que pararase a hacer un apaño, pero aún así nadie abandonó. Ya en ruta de nuevo llego una parte del camino muy cómoda, cuesta abajo la mayoría y sin mucha pendiente, cruzando por varios pueblos y pasando por el cruceiro más bonito (y antiguo) que nos hemos encontrado.

Como anécdota “graciosa” ocurrió que en uno de estos pueblos, o mejor dicho aldeas, que cruzamos, nos encontramos con un lugareño entrado en años que estaba horrorizado por lo que habían hecho dos peregrinos al lado de su casa, y es que por lo visto eran “tortilleros” y habían estado dándose cariñitos mientras comían, y eso fue superior a sus fuerzas y tuvo que irse a dar una vuelta para que se le pasase el mosqueo. Así que ya sabéis, tortilleros del mundo, si alguna vez hacéis el camino cuidado con lo que hacéis que el próximo día alguien se lleva un garrotazo (y gracias que no saca la escopeta…) 😄

En este punto del día, cuando ya llevábamos unos 20 kilómetros y las tripas rugían cosa mala, a la gente ya se le empezó a agriar un poco el carácter y tuvimos que buscar un sitio para comer. Otro Awen y yo nos despegamos un poco del grupo mientras descansaban para ir buscando un bar en el camino donde comer (hoy no llevábamos bocadillo), y pasado un rato nos encontramos de frente con un fantástico mesón al lado de la carretera que llevaba derecho a Palas de Rei, así que no lo dudamos (aunque si por nosotros hubiese sido en un principio habríamos temrinado la ruta antes de comer…) y entramos a preguntar. La camarera primero nos dijo que no había ningún problema, que tenía sitio para comer dentro, pero claro, cuando la dijímos que éramos 12 nos dijo que entonces no cabíamos. Un poco desilusionados nos fuimos para fuera a esperar al resto del grupo, y nos sentamos al lado de donde estaba el cocinero con una fantástica barbacoa de leña haciendo churrascos a discreción, vamos lo que nos faltaba para abrir el apetito. El cocinero, muy majo él, nos preguntó que si íbamos a comer en el mesón, y le explicamos nustra situación. El tío enseguida nos dijo que no había ningún problema, que si queríamos que juntásemos unas mesas fuera y que ya nos servía él, así que le hicimos caso y allí que nos acoplamos.

Ya pasado un rato llegó el resto del grupo y empezó la fiesta. Yo creo que puedo decir sin miedo a equivocarme que es el día que mejor comimos, nos pedimos un par de costillares y unas alitas de pollo para los 12 y terminamos artos de comida, porque además el cocinero que estaba ahí al lado nos sacó primero unos platos de conejo y despues un churrasco para que lo probásemos, que según decía se habia equivocado y había hecho uno de más. Luego ya a la hora de pagar no sabíamos como iba a andar la cosa ya que no nos habíamos fijado en el precio (es lo que tiene el hambre) y nos sorprendieron con una cuenta de… 70 €!! acompañada además de unas raciones de tarta de manzana cortesía de la casa, vamos que un regalo, porque siendo 12 y comiendo como comimos no nos esperábamos menos de 10 € por persona. Como quedamos tan contentos le comentamos al cocinero que si podíamos ir esa misma noche a cenar y nos dijo que no había ningún problema, que allí nos esperaba.

Un poquito de publicidad, que se lo merecen 😛

Mientras el resto del grupo se tomaba tranquilamente el café y descansaban, tres Awen nos adelantamos para ir llegando al alojamiento de ese día. En este punto de la ruta no sabíamos muy bien a que distancia estábamos de Palas de Rei, pero entre los puntos kilométricos y lo que nos había dicho el cocinero del mesón suponíamos que estaríamos a unos 3 kilómetros. La verdad que este tramo estaba precioso, gracias a Dios el Sol se había decidido a salir y el paseo por medio del bosque era muy agradable, con algunas zonas que eran verdaderas postales.

Al rato llegamos a Palas de Rei, donde teníamos el problema de saber como llegar a la pensión “Curro”, pero por suerte fue más fácil de lo que nos esperábamos y casi nos metemos dentro sin darnos cuenta, tanto es así que preguntamos a la mujer de la casa de al lado que donde estaba la pensión cuando teníamos un cartel bien hermoso que indicaba que estaba allí mismo, debió de ser por el cansancio que ya nos cegaba.

 

Ya por la tarde todo fue según lo previsto, llevamos un coche al destino del próximo día y más tarde nos fuimos al mesón donde habíamos comido después de darnos nuestras respectivas duchas para recuperar fuerzas. La cena al igual que la comida estuvo fenomenal, esta vez cada uno nos pedimos lo que quisimos (yo por mi parte un churrasco mixto) y la verdad que acabamos hartos. Después de esto volvimos la pensión donde nos dormimos sin tardar mucho para preparnos para el siguiente día, que según decían tocaba la etapa apodada como “la rompepiernas”…

Día 3: Palas de Rei-Arzúa

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