Día 2: Portomarín-Palas de Rei

Tercer día de Camino y nos levantamos con malas noticias. Al parecer hoy vamos a tener un par de bajas, una por culpa de las ampollas (el peor enemigo del peregrino…) y otra por varios  dolores musculares, así que en un principio somos 10 los que salimos rumbo a Arzúa. Pero antes de eso y como no podía ser de otra forma nos bajamos al bar a desayunar, donde (todo hay que decirlo…) no quedamos nada contentos, ya que fue algo caro para lo que ofrecía. Antes de salir nos hicimos la ya típica foto de grupo en una especie de plaza cubierta que había en el centro de Palas de Rei, siendo este el único momento del viaje en el que utilicé el trípode con el que cargué todos los días, una pena, pero nunca se sabe si lo iba a necesitar en algún momento, y tal vez ahora me arrepienta de no haberlo usado más, sobre todo en algunos bosque que estaban preciosos y me salieron movidos gracias a mi “fantástico” pulso ¬¬

Distancia recorrida: 28,94 kilómetros
Altitud min: 306 metros, max: 603 metros
Desnivel acum. subiendo: 548 metros, bajando: 721 metros

Enlace al track: Camino de Santiago Palas de Rei-Arzúa

Dejando de un lado las bajas del grupo por lo demás el día no parece comenzar mal, el cielo está despejado y empezamos con una generosa bajada, que la verdad viene mucho mejor que las subidas de los días anteriores. Habiendo avanzado un poco y ya a cielo descubierto nos hicimos otra foto de grupo con motivo de una estatua que había en medio del camino, nada especial, pero a esta gente le gusta chupar cámara… De cualquier forma ahora es cuando de verdad empezamos el día, teniendo como primera meta Melide y su famoso Pulpo, hora estimada de llegada: 12:00. Continuamos por un camino rodeado de fotogénicas telas de araña, una lástima que la luz todavía no fuese muy potente, y esto unido con el pulso del que presumía hace un rato dio como resultado unas fotos bastante malillas por lo general. A los pocos minutos de continuar por este camino nos encontramos con el primer pueblo del día, que como se suele decir era muy auténtico,  aunque al igual que en el caso de las telarañas también faltaba luz para que saliesen fotos decentes, pero bueno yo lo intenté:

Qué asco de cables...

 

Por suerte la situación cambió pronto y el Sol empezó a asomar por encima del horizonte, y además como el cielo estaba despejado pudimos disfrutar de uno de los mejores días de ruta, dejando ya atrás las molestas estufas capas para la lluvia. El camino continuó de momento bastante suave, sin hacer gala del apodo de rompepiernas por ningún lado,  diría incluso que este primer tramo de la ruta es de las partes más fáciles del camino. Pese al Sol debo decir que todavía hacía bastante fresco, y es que íbamos por medio de uno de los bosque más bonitos y frondosos con los que nos cruzamos:

¡Mira mamá, salgo en la foto!

Pero no todo iba a ser tan fácil, y enseguida empezamos con la primera “gran” subida del día. En este punto quiero señalar cierto enfado que tuvimos con los peregrinos que van a caballo, y es que este fue el primer día en el que nos cruzamos con varios. El caso es que iban en un grupo bastante numeroso (de unos 10 o 15) y lejos de ir con cuidado de no dar a la gente, iban por todo el medio del camino avasallando y de dos en dos (o incluso tres…), cuando lo más lógico sería que cuando se cruzasen con gente se pusiesen de uno en uno para no echar a la gente del camino. Dentro de lo malo del asunto, por lo menos pude hacer una de las fotos que más me gustan del viaje, y es que el sudor de los caballos, el fresquito que hacía y el Sol hacía una mezcla perfecta para hincharse a hacer fotos:

Vamos a jugar con el blanco y negro, que casi nunca me atrevo 😛

De todas formas continuamos sin ningún problema mayor por un camino que de nuevo era muy apacible, hasta que llegamos a un pueblo donde había una pequeña iglesia, la cual estaba abierta y en la que pusimos un nuevo sello para nuestra colección. Lo del sello y demás está muy bonito, sí, pero allí todos teníamos la cabeza más en el pulpo de Melide que en otra cosa (yo por lo menos), que eran las 11 de la mañana y eso quiere decir que ya hacía 3 horas que habíamos desayunado, así que continuamos a buen paso por un camino que era muy sencillo, y repito que  lo de “rompepiernas” no sé quien se lo habrá puesto, pero desde luego hasta Melide no nos encontramos nada realmente diferente a lo del resto de los días:

Kilómetro 59, ya casi la mitad desde que salimos de Sarria.

De camino al pulpo nos cruzamos con una peregrina algo extraña, no sé de qué país sería pero una de dos, o iba hablando sola o nos iba poniendo verdes, y me inclino más por esta segunda teoría ya que ademas tenía cara de cabreo y no nos dirigía ni la mirada, yo creo que la molestaban nuestras conversaciones en tono elevado acompañadas de risas continuas, pero oye, es lo que tiene ir diez personas juntas, cada uno vive el camino a su manera. A las doce menos diez llegamos (por fin!!) a Melide, donde los dos Awen que no habían empezado la ruta nos estaban esperando para ir todos juntos a comer. No sé quién ni donde alguien había leído que la pulpería Ezequiel estaba bastante bien, así que no lo dudamos y la elejimos entre las otras muchas pulperías del pueblo, y la verdad que su fama la hacía justicia. El pulpo estaba buenísimo pero terminamos hartos, y es que a la hora de pedir hicimos caso al cocinero y la liamos, ya que en un principio teníamos pensado pedir 4 raciones y al final terminamos con 6, y esto sumado a que dos personas del grupo no comían pulpo… pues eso, que después de ese día me he tirado 4 meses sin probar el pulpo XD

Welcome to Melide!

Ya comidos y con las fuerzas recuperadas nos dispusimos a terminar la mitad de la ruta que nos quedaba. En Melide se nos quedó otra Awen más debido también a dolores en las piernas, aunque más que quedarse porque ella no quisiese fue porque su madre la obligó, que si no ella había seguido 😀 Una vez nos pusimos a andar todo parecía seguir igual de tranquilo, no había cuestas significativas y el día acompañaba, que más se puede pedir:

En los próximos kilómetros atravesamos un pequeño pueblo donde había otra pequeña iglesia donde además estaba el párroco de la misma poniendo los sellos en las credenciales, y tengo que decir que era un persona muy muy amable, se alegró mucho de ver a personas jóvenes haciendo el camino y no dudó en decir a nuestros padres que éramos sus “tesoros”, que nos cuidasen bien y demás, vamos que muy majo el hombre 😛

 

Buen nubarrón, gracias a él más tarde no pude hacer fotos ¬¬

Pero aquí se acababa lo bueno, ya empezamos a experimentar por qué a esta jornada la llamaban la rompepiernas… Durante los últimos kilómetros de ruta, que de por sí suelen ser los más complicados por el cansancio del resto del día, nos encontramos con unas cuestas arriba y abajo a partes iguales que eran enooooormes, la más largas y pronunciadas de lo que llevábamos de camino, y encima se pone a chispear. Aún así las sobrellevamos bastante bien y no tuvimos mayor problema a la hora de pasarlas, aunque entre un par de ellas hubo que hacer una parada “técnica” para reponer fuerzas en una pequeña área de descanso que nos vino como anillo al dedo.

Bonito prado, aunque con una vaca habría estado mejor...

Después de la parada nos encaramos ya a la última gran cuesta antes de llegar a Arzúa, y como anécdota curiosa decir que en un prado de la izquierda del camino había una vaca que acababa de dar a luz y estaba limpiando todavía a su cría, aunque la verdad que ya teníamos ganas de llegar y no nos entretuvimos en hacer fotos. Esta última cuesta es un poco puñetera por dos razones, la primera es que parece siempre que estás llegando pero no es así, y la segunda es que a mitad de cuesta hay un pequeño atajo que como no lo veas te da muchísima rabia, y ese fue mi caso y el de unos Awen que venían conmigo, 500 metros de clavo que a estas alturas no apetecen, así estad atentos a la señalización y no la hagáis mucho caso cuando os mande a la derecha, cruzad la carretera y seguir subiendo. Pero bueno al final conseguimos llegar después de 29 km, y otra compañera y yo lo hicimos corriendo los últimos 100 metros, y es que empezamos con la tontería de que cuando viésemos la pensión salíamos corriendo y así lo hicimos XD Sobre esto debo decir que lejos de lo que uno pueda pensar me sentó fenomenal, se me quitó todo el “agarrotamiento” que podría tener y después me quedé la mar de relajado, si no vais muy muy cansados a la hora de terminar os recomiendo que lo probéis 😀

Antes de llegar a Arzúa. En efecto, la foto es una mierda, pero me hizo gracia eso de río ISO, que para algo estamos en un blog de fotografía.

Después ya en la habitación de la pensión me duché y me tiré en la cama, y así pasó, que con el cansancio que llevaba tardé na’ y menos en dormirme, pese a que había dicho que iba a salir a jugar a las cartas. Aún así cuando me desperté sí que salí a jugar un rato, y ya que me coaccionan para que lo cuente… El caso es que nos pusimos a jugar al piriviccio o como se llame (el macarra de toda la vida…) que consiste en que cuando pierdes te pegan en la mano, y al principio todos empezamos que si no te doy fuerte y demás, pero fue perder yo y venga, alegría!! todavía me pongo a temblar cuando pienso en ello XD Y para más inri cuando terminaron de pegarme, echamos una partida más y después nos llamaron para cenar, por lo que no me pude vengar como me hubiese gustado.

Así que lo dicho, nos fuimos a cenar a un restaurante del pueblo donde nos sirvieron muy bien, todo esta buenísimo y yo me pude comer unos buenos huevos con chorizo, que ya llevaba unos cuantos días buscándolos. Después de esto cada uno se fue para su habitación y a dormir prontito, que si el día de hoy ha sido largo el de mañana lo es más.

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